lunes, 20 de abril de 2015

La Sombra del Ahorcado


LA SOMBRA DEL AHORCADO


Cuentan algunos de los Personajes más viejos de Carrizal, que aún viven, una leyenda urbana que aún permanece en sus memorias y la cual se ha trasmitido en algunas familias, de generación en generación, y que voy a compartir con ustedes. 
El caso es que hace muchos años, cada amanecer,  en la entrada de una de las pocas casas, que estaban ubicadas en las hondonadas de la vía que conduce desde Carrizal a San Diego, a orillas de Quebrada El Silencio, que se une con Quebrada Honda para luego seguir su peregrinar hacia Paracotos, a partir de las cuatro de la mañana, se oían unos tristones lamentos y sollozos, además del crujido de la rama de un árbol grande y la sombra muy clara de un ahorcado.
Contaban los “viejos” que don Francisco, de unos cincuenta y cinco años aproximadamente, a quien apodaban “don Pancho”, era un hombre muy apuesto, mujeriego, sinvergüenza, quien estaba casado con doña Rosita, una señora dedicada a su casa y a sus cuatro hijos.
Éste hombre, irrespetando su “estado civil”, se puso a enamorar como “novio serio”, a Juana, una muchachita de quince años, hija única de una familia muy humilde, que habitaba en las hondas riveras de la quebradas que bajan desde "La Llanada" y se unen a las corrientes de Guareguare y Guareguarito, quienes tradicionalmente se dedicaban a la agricultura y algunas crías de aves de corral (como gallinas, pavos, patos), sembraban caraotas, maíz, apio, auyama, café, y hortalizas y verduras, en general; También criaban cochinos, ovejas, chivos, caballos, burros y vacas.  Ésta mozuela, quien por estar muy lejos de la “civilización”, no sabía leer ni escribir, estaba dotada de una hermosa belleza inusual, larga cabellera negra, libre de adornos y cosméticos, su cuerpo era voluptuoso y visiblemente saludable.
El rufián comenzó a “merodear” en las riveras cercanas a la casa de la adolescente y luego de cortejarla, comenzó hacerle regalos costosos, razón por la cual, la moza, sin importarle la diferencia de edad, comenzó a interesarse en el “ilustre caballero”. 
Al cabo de un tiempo, se acercó a la casa de la “chica” y solicitó la mano de Juana en “matrimonio” a sus padres, quienes aceptaron gustosos., ya que su hija “Juana”, se casaría con un hombre “rico” y la sacaría de aquel “monte”, donde ellos vivían.
Doña Rosita la esposa del “descarado”, se enteró de la boda que estaba planeando el aprovechado de su marido y con la ayuda de unos “baquianos”, empleados de su esposo, emprendió una expedición a la casa de la" novia", aprovechando que éste se encontraba en “Los Teques”, el vendiendo café  que cosechaba de una de sus haciendas y tardaría unos días en regresar.
Al llegar a la casa de la infortunada, habló con sus padres. Con mucha educación se presentó como “la esposa” de don “Pancho”, al tiempo que les enseñaba las fotos de su boda con él, las fotos de sus hijos y su acta de matrimonio.   
Los padres de Juana le agradecieron el hecho de haberles avisado con tiempo, la situación real de ese descarado quien en pocos días se esposaría con su hija.
Pasaron unos días y el “galán” llegó a su “hogar” cargado de obsequios para su esposa, sus hijos y en un baúl aparte, por supuesto, traía escondidos los regalos y el vestido de novia para su “prometida”.
La esposa lo recibió como si no supiera nada de lo sucedido.  Durmió esa noche en su casa y al despuntar el alba, mucho antes de que su esposa y sus hijos despertaran, cogió su caballo y acompañado de cuatro conuqueros, salió “al encuentro” de su prometida, con los regalos que para su boda había traído.
Cuál no sería su sorpresa, que al llegar a la casa de “Juana”, su padre lo recibió con la escopeta cargada.  Echó unos “tiros  al aire” y le dijo que se fuese inmediatamente de su propiedad. Le comentaron que ya sabían sobre su “estado civil y sus hijos”.
Por supuesto, al regresar a su casa……Doña Rosalía le había recogido todos sus enseres, pertenencias y se las había botado.  Además, llamó a las autoridades de aquel entonces y les había hecho saber sobre la “trama” de su marido.  Las autoridades le despojaron de toda su fortuna por "bigamo". 
Después de un tiempo, “Pancho”, a quien ya nadie respetaba y hasta le habían quitado el “Don”,  casi a diario iba a llorar debajo del árbol que estaba a dos o tres metros  de la puerta de la entrada de la casa de la hermosa Juana.  Debajo de ese grande y frondoso árbol se encontraban unas bancas de madera en la cual se sentaba con ella cuando la conquistó. 
Aunque él ya era libre, porque se Doña Rosalía se divorció de él después del “destape”, la muchacha nunca lo volvió aceptar.
Una fría noche de navidad después de la cena, ya apagadas las velas y mecheros de la casa de Juana, él golpeo con fuerza a la puerta.   Salió Juana y le dijo en tono muy “tajante: ……¡no vuelvas a insistir, yo ya no quiero nada contigo…… lárgate……!
¡………….te vas arrepentir……!!!!!, fue lo que atinó a contestar él.

A la mañana siguiente, debajo de la rama del árbol donde la enamoró, donde se sentaban a planear su “boda”, se encontró el cuerpo ahorcado de “Pancho”. Desde ese momento, se cuenta que todas las noches, antes del amanecer, a las cuatro de la mañana, entre la espesa neblina que cubre la rivera de la quebrada, se oyen los lastimeros sollozos y se ve "la sombra del ahorcado".

Omar Aponte






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